viernes, 14 de septiembre de 2012

Arden


Arden, simplemente. Arden.
Las complicaciones, las deshoras, los mensajes, las tribulaciones, los nodeboperoquiero, los noquieroperodebo, la ausencia de indiferencia y su falsa justificación.
Arden los momentos, el tiempo, los ratos, los caminos, las hojas caídas, las  redenciones, los escritos, las yemas de los dedos, la hierba y el sonido del teléfono.
Se queman el calor nocturno, el frío injustificado, el incienso, las pérdidas y los encuentros, las ausencias indirectas, las presencias aún más indirectas, los nervios, la impaciencia y, porqué no, el ahora.
Cada conversación que no fue, cada paso no dado y cada paso de más, cada canción y sus notas, las "in" más las "directas", las composiciones de los latidos, las dudas y sus resoluciones, los temores, los placeres, los rencores, la indiferencia, las excusas, las sonrisas gratuitas y sus facilidades.
Los instintos, los libros, el arte, los abrazos y su duración, la luna, el olor a flores, la madrugada de viernes a sábado y de sábado a domingo, la fortaleza roja en la que nos paramos y sus escondites verdes en los que nos protegemos, lo que dijimos, lo que no hemos dicho, lo que queda por decir y lo que -quien sabe- diremos.
Incluso el sol. Todos arden.

3 comentarios:

  1. Se queman el calor nocturno, el frío injustificado, el incienso, las pérdidas y los encuentros, las ausencias indirectas, las presencias aún más indirectas, los nervios, la impaciencia y, porqué no, el ahora. SUBLIME

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  2. Arden los sentidos cuando dejás brotar tus cosas de la mente. Arden la piel y los dedos. Todo arde.

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    Respuestas
    1. Arden, como un espacio vacío cortado por el frío... Arden...

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