lunes, 8 de octubre de 2012

(Re) Naciendo




Hoy me desperté tarde, me levanté un poco más valiente, sin tantas ideas que hagan ruido, con más vueltas que idas y sosteniendo una sonrisa que espero prolongar, retomando mis fugas, subo el volumen (como ayer, como siempre) de ese tema que al azar parece indicar-me que las agujas del reloj volvieron a la normalidad, y la luz que penetra entre las cortinas es real, y me dejo abrazar por un rayo de sol como prueba tangible... 
(y Waters me canta al oído...)

Un dejar de cerrar los ojos, para abrirlos y sentirme, y creerme la resurrección, y re-ubicarme, re-orientarme, re-acomodarme, re-centralizarme... re-definirme... re-sobrevivirme...

Encontrar un nuevo modo de habitar ésta, mi vida, evitando las calles sin salida, encontrar un nuevo modo de ser y estar en mi espacio, mío-solo-mío-y-nada-más-que-mío, limpiando huellas y borrando sombras, desinfectando las paredes de cuerpos enredados con pasiones remotas. Dejando que la música impregne el aire que respiro, desintoxicando/purificando/asesinando palabras trasnochadas y sonidos primitivos que aún resuenan a lo lejos...lejos, destruyo los gérmenes nocivos de aquellas sombras de culpas que se solidificaron en remordimientos agobiantes, sepulto sin lápidas lo que fue y las “no entregas” sin aire-sin aliento, sumergidas siempre en un océano de precariedad.

Desatando sogas y desatando recuerdos que se empecinan en mantenerme atada a viejos espectros de una realidad lejana, que ahora se me vuelve una extraña... (y sin embargo cuando suena ese aparato infame pareciera ser tan fresca).

Es tiempo de darle tiempo a un comienzo, y respirar, libre de todo, de manifestar mi pelea gramatical, y declarar que la primera persona del singular ha sido tragada por el verbo sin piedades, y hoy ha quedado nada más que el amo. El amo como forma conjugada, sin terceras personas.

Y una vez más vuelvo al comienzo de todo, y repaso nuevamente sabias inspiraciones, que siempre me aseguraron que de los finales se construyen nuevos comienzos… Una vez más, entre millares de veces, vuelvo a repasar, agradecida, ese párrafo que al ser tan verdadero, por momentos hiere y se retira, no sin antes dibujarme una lágrima dulce en el pecho:

Eterno Atardecer dice: “El duelo es el tiempo de reclusión para volver a nacer, luego de ver caer las estructuras que parecían únicas. La tormenta de la cama es el paisaje por esos días, privados de la luz, y nadando en el desgano generalizado sin poder levantarnos. El final del duelo, es la primera bocanada de aire al salir a flote.”

Hoy manifiesto el despojo de apodos y palabras que engolosinaban mis oídos y entibiaban mi sangre, hoy me limpio de poesías regaladas y de frases guardadas sólo porque sí. Hoy me limpio de viajes de arrebato y alfombras de sudores sin aliento, hoy soy una ex-sombra, ex- lágrima, ex-invierno, y me declaro una ciudad recuperada.
Me re-conozco y me saludo con aires de reverencia, me habito y re-acomodo los muebles de mi alma. Descongelo el silencio y me enmiendo. Me doy la mano y me reconcilio con la que ayer maceró su dolor inundándose en infinitas lágrimas. (Pretérito imperfecto)

Hoy me desperté tarde, entonces improviso una cita conmigo misma, destapo un vino (blanco, para acentuar lo nuevo) y me invito una copa. Celebro el final de un duelo. Salud por los nuevos comienzos.

(Tirando por la ventana un dolor que se aprovechaba de mis sentidos desorientados, sonrío... 
Mientras Waters me canta al oído).




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