Nuestra primera canción no fue una canción en sí, sino un aeropuerto al que los dos llegamos cinco minutos tarde fingiendo no habernos dado cuenta. Mirándonos de reojo fuertemente, para comprobar cuánto podríamos saber acerca de nada y de todo a la vez, pensando en cómo se nos pasarían las horas hablando, hasta que sin medirlo las palabras nos habrían pintado el atardecer más bonito en el cielo.
Nuestra primera foto no fue una foto en sí, sino el vuelo más alto del mundo. Más arriba de los gritos, o las ganas de retroceder al mundo para volverte a ver, en ese aeropuerto.Por primera vez.
Pero poco importó todo lo que sucedió después, porque el destino había abierto sus puertas, el verano otra vez llegó y desde tu primera partida tuve que ponerme a ‘recordarte bajito’, para que todos los que te lloraron conmigo aquella primera vez, no te lloraran de nuevo, llenándome el alma de nostalgia.
En ese momento ninguno de los dos sabíamos que íbamos a hacer con tantas terminaciones nerviosas en las manos, ni con tantas ganas de no decir más que lo que el cuerpo hablaba.
Mudos. Abrazados. Sintiendo.
No llovió ninguna vez en que nosotros nos suspiramos el alma, y la vez que te fuiste no lloré sola… En ésta ciudad lloramos todos al mismo tiempo.
Y aún no sé si fue demasiado bonito o en ese momento me superó la nostalgia de vivir lo que a veces puede resultar imposible de creer, sin embargo sigo oyendo la misma canción cada vez que voy por esa vereda en que caminamos en silencio aquella tarde.
Pero poco importó todo lo que sucedió después, porque el destino había abierto sus puertas, el verano otra vez llegó y desde tu primera partida tuve que ponerme a ‘recordarte bajito’, para que todos los que te lloraron conmigo aquella primera vez, no te lloraran de nuevo, llenándome el alma de nostalgia.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.